{"id":971,"date":"2007-12-14T22:47:51","date_gmt":"2007-12-15T02:47:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.analizame.cl\/blog\/?p=971"},"modified":"2007-12-14T22:47:51","modified_gmt":"2007-12-15T02:47:51","slug":"sobre-in-edit-la-musica-documental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.maza.cl\/blog\/2007\/festivales-de-cine\/sobre-in-edit-la-musica-documental\/","title":{"rendered":"Sobre In-Edit: La m\u00fasica documental"},"content":{"rendered":"<p><em>Escrib\u00ed este art\u00edculo para la <a href=\"http:\/\/www.revistaronda.cl\/\">revista Ronda<\/a> de este mes. Es sobre <a href=\"http:\/\/www.inedit.cl\/\">In-Edit,<\/a> el festival de documentales musicales que se presenta hasta este domingo en el Centro Mori, el Cine Arte Alameda y el Cine Pedro de Valdivia&#8230; La nota no est\u00e1 en el sitio web, as\u00ed que decid\u00ed copiarla ac\u00e1. A ver si los implacables lectores de este blog me disculpan el prolongado silencio de las \u00faltimas semanas&#8230; \u00bfTendr\u00e9 perd\u00f3n?<\/em><\/p>\n<p><strong>La M\u00fasica Documental<\/strong><\/p>\n<p>Un festival de documentales dedicados a la m\u00fasica tiene mucho sentido: el documental es rocanrol. Rock y documental comparten mirada contestataria, independencia y actitud. Diciembre es el mes de In Edit, el ya tradicional festival de documentales centrados en el mundo de la m\u00fasica, y la selecci\u00f3n de este a\u00f1o es un excelente retrato de este matrimonio.<\/p>\n<p>Gonzalo Maza<\/p>\n<p>Bob Dylan mira serio. Nunca ha sido tan serio en toda su vida. Est\u00e1 dando una conferencia de prensa en Londres. Responde pesadeces a preguntas vac\u00edas. Responde palabras vac\u00edas a pesadeces. M\u00e1s tarde le toca una entrevista con un periodista de la revista Time y lo hace pebre. El tipo, un regordete que decidi\u00f3 dedicarse al periodismo de espect\u00e1culos para nunca tener que lidiar con estas honduras, ahora est\u00e1 atrapado: tiene a Dylan por delante, enojado, que no para de increparlo. Se defiende como puede. Se defiende mal. Suda y tartamudea. Sonr\u00ede nervioso y pat\u00e9tico. \u201cDon\u2019t look back\u201d, el inimitable documental musical de D.A. Pennebaker marca un antes y un despu\u00e9s. La pega por encargo, oye, \u00bfpor qu\u00e9 no te vienes a Londres con nosotros a una gira con Bob Dylan?, termina destruyendo un mito y fabricando otro. Los mitos mueren y nacen todos los d\u00edas. Los grandes documentalistas lo saben. La gracia es estar ah\u00ed para captarlo.<\/p>\n<p>Los documentales musicales siempre son mirados como un subg\u00e9nero de segunda clase, parecen entretenciones menores en parques donde crecen grandes arboles importantes. Pero los grandes documentales no se definen por la importancia de los temas que tratan: los grandes documentales sobreviven el tiempo cuando tienen las fiereza de estar en el momento justo en el lugar apropiado. Por prender la c\u00e1mara cuando todos la tienen apagada. Por apuntar con el dedo un mundo que parece olvidado o que est\u00e1 a punto de olvidarse. Los grandes documentales, a menudo, se hacen grandes con el tiempo. Envejecen con nobleza. Impactan en retroactivo. Iluminan nuestros deseos. Dylan nunca fue tan Dylan como en \u201cDon\u2019t look back\u201d, ni los Stones fueron tan Stones como en \u201cGimme shelter\u201d dirigido por otros autores imprenscindibles del direct cinema: los hermanos Albert y David Maysles.<\/p>\n<p>Los documentales musicales juntan lo mejor de los dos mundos: la reflexi\u00f3n y la entretenci\u00f3n. La letra y la m\u00fasica. La densidad y el esp\u00edritu adolescente. \u201cKurt y Courtney\u201d, sin ir m\u00e1s lejos. O si quieren, Lennon y McCartney. La m\u00fasica misma vive en ese vaiv\u00e9n vital: Estructura y armon\u00eda, ruido y melod\u00eda, desorden y progreso, estridencias y pausas.<\/p>\n<p>Para entender por qu\u00e9 existen los documentales musicales, quiz\u00e1s haya que entender por qu\u00e9 existen los documentales a secas. Los documentales son tierra f\u00e9rtil para exc\u00e9ntricos y desadaptados, pero tambi\u00e9n para esos seres maravillosos que nunca seremos. Los documentales se maravillan ante la realidad inalcanzable, y apuntan con el dedo lo cotidiano de nuestras debilidades. Los documentales, los grandes documentales, escudri\u00f1an los recovecos menos visibles de la codici\u00f3n humana, la desnudan, la celebran, la exacerban.<\/p>\n<p>Subimos y bajamos con los documentales, y cuando se acercan a esos seres mitol\u00f3gicos que agarran guitarras y paletean tambores, o mueven perillas con precisi\u00f3n, o desgarran sus voces ante multitudes, nos vemos asombrados por esos momentos puros de belleza provocados por los vaivenes de sus personalidades inasibles, extraordinarias.<\/p>\n<p>Entre este 12 y 16 de diciembre pr\u00f3ximo se realizar\u00e1 una nueva versi\u00f3n de In-Edit, un festival de documentales dedicados exclusivamente a captar los sentimientos arriba convocados: la emoci\u00f3n de crear m\u00fasica y no consumirse en el intento. Es la cuarta vez consecutiva que se presenta en Santiago, y aunque parezca un festival especializado (lo es), es tambi\u00e9n un encuentro amplio de exc\u00e9ntricos y solitarios, esa raza de seres cuyo ritmo vital esta marcado por la m\u00fasica.<\/p>\n<p>En mi vida he visto grandes documentales musicales. Y la mayor\u00eda de ellos se han exhibido en las versiones anteriores\u00a0 de In-edit Santiago. \u201cLoudQUIETLoud\u201d sobre los Pixies, \u201cI\u2019m trying to break your heart\u201d encerrada en el estudio con Wilco, \u201cFearless freaks\u201d acompa\u00f1ando a The Flaming Lips, y \u201cThe devil and Daniel Johnston\u201d como comparsa de otro freak temerario, Daniel Johnston; todas esas sumadas a \u201cJoey Ramone, a wonderful life\u201d o \u201cNico Icon\u201d son todos ejemplos de lupas gigantescas tratando de escudri\u00f1ar entre los sucesos y los excesos de artistas en acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los convocados de este a\u00f1o arman un line-up impensando: Blondie (\u201cBlondie, one way or another\u201d), Kurt Cobain (\u201cAbout a son\u201d), Franz Ferdinand (\u201cRock it to Rio\u201d), Daft Punk (\u201cElectroma\u201d), Joe Strummer (\u201cThe futer is unwritten\u201d, un imperdible dirigido por el inigualable Julien Temple, el mismo de otro documental legendario, \u201cThe filth and the fury\u201d de The Sex Pistols), Sigur R\u00f3s (\u201cHeima\u201d), Sonic Youth (\u201cSleeping nights awake\u201d), Love (\u201cLove story\u201d), Bebo Vald\u00e9s (\u201cOld man Bebo\u201d) y hasta La Ley (\u201cChasing the law\u201d).<\/p>\n<p>Pero no somos vamos a ver persecuciones de camarines, entrevistas atolondradas y risue\u00f1as, presentaciones en vivo en Dolby Stereo o reflexiones crepusculares; en el subgenero del documental musical siempre caben tambi\u00e9n aquellas obras que intentan revivir movimientos, o explicarlos, o reconstruirlos en su infinita complejidad. Henry Chalfant, por ejemplo, de quien en In-edit 2004 vimos sus dos versiones de \u201cStyle wars\u201d (el mundo grafitero de Nueva York visitado en 1984 y revisitado en el 2002, codirigidas con Tony Wilson), trae ahora \u201cFrom mambo to hip hop\u201d, cuya tesis es inapelable: establece que el sur del Bronx, con su resumidero de culturales musicales negras, latinas y africanas, es nada menos que el epicentro del Big Bang musical de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Para Chalfant, hay que entender el sur del Bronx para entender todo.<\/p>\n<p>\u201cBling, a planet rock\u201d es una especie de experimento documental medio mal\u00e9volo: la directora Raquel Cepeda, algo escandalizada por el culto a los diamantes que encarnan los artistas del hip hop colgando de sus cuellos, decide llevar a un par de ellos (Raekwon de Wu-Tang Clan, al reggaetonero Tego Calder\u00f3n y al dise\u00f1ador de joyas Paul Wall) a visitar nada menos que Sierra Leona, ese infierno en la tierra maldito precisamente por ser un lugar de diamantes, sumido en el caos y la violencia ilimitada, y devastado por m\u00e1s de 10 a\u00f1os de guerra civil. El efecto \u201cuna cucharada de tu propio chocolate\u201d se transforma en lecci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>Otro que pretende derribar mitos es Sam Dunn, un antrop\u00f3logo fan\u00e1tico del heavy metal (si me permiten la disgresi\u00f3n, una mezcla m\u00e1s com\u00fan de lo que parece) que decide emprender un\u00a0 \u201cviaje \u00e9pico al coraz\u00f3n del rock pesado\u201d con una misi\u00f3n clara: por qu\u00e9 esta musica se ha estereotipado, es rechazada y condenada por la comunidad musical. Dunn se toma su trabajo como si estuviera trabajando para la Unicef y recopila entrevistas con Lemmy, Slipknot, Dee Snider, el chileno Tom Araya, Bruce Dickinson, Alice Cooper, Rob Zombie y otros monstruos similares.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s lo m\u00e1s sorpresivo de la edici\u00f3n local de In Edit de este a\u00f1o sea la presencia masiva de trabajos chilenos. Aunque \u201csorpresivo\u201d sea un adjetivo un poco injusto con la escena musical de los \u00faltimos a\u00f1os, tan revuelta como inspirada, no podemos decir que era obvio que este a\u00f1o se exhibir\u00edan casi quice documentales locales, y de ellos, m\u00e1s de diez terminados en el \u00faltimo a\u00f1o. Todos caben en In Edit: el trabajo de las orquestas juveniles (\u201cEl valor de seguir tocando\u201d de Ricardo Carrasco y Debora Gomberoff), de una orquesta de mujeres que mezcla ritmos caribe\u00f1os con Mozart (\u201cCuba m\u00eda, retrato de una orquesta de mujeres\u201d de Cecilia Domeyko), un retrato de los clubes de jazz de Santiago (\u201cSincopado\u201d de Cristian San Mart\u00edn), y del rock de Valpara\u00edso (\u201cRuidos molestos\u201d de Viviana Sep\u00falveda), un festival de m\u00fasica mexicana en Chanco (\u201cChile mexicano\u201d de Alejandra Fritis), una cumbre de rock independiente anti APEC (\u201cContrapulso\u201d de Paulo Flores), y el seguimiento y entrevistas a cinco bandas\/artistas locales: Gep\u00e9 y Javiera Mena (\u201cAl un\u00edsono\u201d de Rosario Gonz\u00e1lez y Pablo Mu\u00f1oz), Manuel Garc\u00eda (\u201cCatalejo\u201d de Ronnie Radonich), Exsimio (\u201cLa lucha apenas se inicia\u201d de H\u00e9ctor Pozo) y Lalo Meneses (\u201cLas Panteras Negras\u201d de Andr\u00e9s Mardones).<\/p>\n<p>Por si fuera poco, a eso hay que agregar tres trabajos del pasado que dan cuenta que nada de esto se improvisa: tres documentales del colectivo Telean\u00e1lisis de los a\u00f1os ochentas estar\u00e1n presentes en el festival: uno sobre los or\u00edgenes del hip hop en las poblaciones (\u201cEstrellas de las esquinas\u201d de Rodrigo Moreno), otro sobre una banda de san Miguel que alg\u00fan disco grab\u00f3 y luego se volvieron mitos vivientes (\u201cLos Prisioneros\u201d de Cristi\u00e1n Galaz) y un registro del festival de Amnist\u00eda Internacional en Mendoza de 1988 (\u201cCanciones de libertad\u201d de Rodrigo Moreno).<\/p>\n<p>No es que uno quiera abrumar con listados de pel\u00edculas, pero la verdad es los documentales viven de la urgencia, y si consideramos que tenemos una televisi\u00f3n que casi 20 a\u00f1os en democracia a\u00fan es incapaz de llevar esta clase de obras a audiencias m\u00e1s amplias, instancias como In Edit alcanzan su verdadero sentido: ver aquellos que de otra forma no podr\u00edamos ver. Ni escuchar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrib\u00ed este art\u00edculo para la revista Ronda de este mes. Es sobre In-Edit, el festival de documentales musicales que se presenta hasta este domingo en el Centro Mori, el Cine Arte Alameda y el Cine Pedro de Valdivia&#8230; La nota no est\u00e1 en el sitio web, as\u00ed que decid\u00ed copiarla ac\u00e1. 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